Se fue la luz es un proyecto que nació de la observación de la sociedad en la que vivimos, en la que una mayoría de niños y adultos prefieren contactos y entretenimientos virtuales a través de dispositivos electrónicos, dando la espalda al contacto con la verdadera realidad que les rodea.

A los más pequeños, el entorno infográfico y televisivo los aparta del contacto humano y de la realidad física, hecho que queda acrecentado por el poco tiempo que pasan algunos padres con sus hijos, debido a sus trabajos y las prisas que conlleva el estar inmerso en la sociedad actual.

El trato con los hijos implica una madurez en los progenitores para saber acompañar los cambios emocionales de sus hijos e ir modelando su educación.


Para centrar la atención en el mensaje que se quiere transmitir, solo aparecen dos personajes: Daniel y su madre. Daniel es un niño pequeño acostumbrado a tener lo que quiere y a jugar únicamente con la golosa tecnología que le rodea.

El cuento se presenta con un ambiente tranquilo, sosegado, en el que la madre, apartando otros quehaceres, saca tiempo para estar con su hijo. El detonante de los problemas de Daniel es la desconexión eléctrica en la casa a causa de una tormenta.
Ante la desesperación del niño por no poder continuar con su juego virtual, la madre le presenta una aventura de descubrimiento: le adentra en el contacto directo con los sentidos, único recurso de que dispone el ser humano para establecer contacto con lo que le rodea. De manera suave y tranquila, sin prisas, sin apremios. De la mano de su madre, Daniel presta atención a su entorno con la escucha, el olfato, el tacto, el gusto, y finalmente, la vista. Y precisamente, cuando vuelve la luz, el niño “se da cuenta” de que cosas que tenía por aburridas, pueden ser maravillosas al serle transmitidas de forma adecuada.

El texto sencillo y conciso que acompaña las ilustraciones, complementa su sentido dando juntos significado a la historia. Las metáforas, el tranquilo diálogo y el ritmo calmado conducen a una nueva y rica percepción de lo que nos rodea.

La parte gráfica está realizada con un trazo suelto, simple y suave, sin perfecciones, sin pretensiones, manteniéndose cerca del sentir infantil. Los colores y sus formas apoyan la línea, realzándola y ubicándola en el contexto de cada situación, dando sentido a las emociones que se van transmitiendo.

El lenguaje gráfico utilizado para desarrollar el cuento guía la imaginación del niño hacia las posibilidades que residen en el contacto con las sensaciones del mundo físico. Y a través de esta imaginación es posible abrir los sentidos, y así poder disfrutar de toda la fantasía contenida en la realidad cotidiana.

Por último, señalar que el título del cuento, “Se fue la luz”, pone de manifiesto la pérdida de valores que vivimos en la actualidad, y el final del cuento abre una vía a que esa “luz” pueda ser recuperada con el “darse cuenta”.

“Se fue la luz” en valencià