















Desde la dirección del Centro Comercial Bonaire me solicitaron una serie de ilustraciones, concebidas como chistes de estilo caricaturesco, destinadas a imprimirse en las lonas que cubrirían el cerco de obra durante las distintas reformas realizadas en el recinto. Las escenas mostraban a supuestos empleados de las obras cometiendo pequeños desastres o errores, con un tono humorístico que buscaba restar gravedad a las molestias propias de los trabajos y hacer más llevadera su presencia para el público.