En 2017, mi pareja y yo nos embarcamos en un blog dedicado a diseños de camisetas, cada uno acompañado de un texto que lo contextualizaba, que exploraban diversos temas con un tono humorístico y satírico, buscando, tal como señalaba la presentación, ridiculizar «las pretenciosas y rígidas elucubraciones establecidas en la época». Aunque el proyecto contaba con página web propia y estaba presente en varias plataformas de venta de camisetas, pronto nos vimos obligados a abandonarlo por motivos de salud. En esta sección se muestran algunos de los dibujos y textos que formaban parte de aquel proyecto.

El último superviviente
El animal más rastrero es el único que está preparado para sobrevivir en cualquier situación. es lo que pasa con los políticos, banqueros, grandes empresarios, magnates… siempre están preparados para sobrevivir a las inclemencias a las que ellos mismos hacen sufrir al resto de la humanidad.
Además, esta es la categoría a la que está llegando la evolución humana.
Cuántas corazas necesitamos para ocultar el miedo, cuántas podredumbres tapamos bajo la ignorancia de ser condicionados. Acumulamos razones para sobrevivir arrastrados creyéndonos los amos. Justificamos las luchas por no ser libres, utilizando la mezquindad como quitina impenetrable en la que constreñimos el interior de nuestro ser herido… Herido por no dejarse ser sin miedo el Amor que somos… Lo inmensamente grande e infinito, lo que no se acaba si se expande, solo se ahoga si se oprime, bajo la capa de animal rastrero inculcado desde el miedo por la necesidad de imponerse «racionalmente», para sobrevivir en su propio fango creado por el propio temor, colmado de su impotencia, atrincherado en el poder del dinero, vendiendo su inmoralidad creando adictos a su consumo, obcecados a su ignorancia… por miedo a no ver bien nuestro interior, donde ni corazas ni escudos impiden Ser uno mismo con el Amor infinito que, sin protecciones ni armas, nos libera de lo que no nos pertenece. ¿Quién sobrevivirá el último, quién se ata a la necesidad de inculcar el miedo para lograr sus objetivos, para ignorar su incapacidad de amar, su decisión de no ser más que un rastrero de sí mismo… o quien no necesita ser nada y en el Todo se halla?

Carcelero de la humanidad
El dinero controla absolutamente todas las facetas de la raza humana. no hay progreso sin dinero, no hay tecnología sin dinero, no hay salud sin dinero, no hay comida sin dinero, ni agua sin dinero… pronto no habrá oxígeno sin dinero…
Controlados por el miedo a perder el control. Encontrados en la mera especulación.
Ese poder tan ansiado, inculcado desde la cuna, más allá de los siglos, que induce y apremia a ser el que más tiene o al que más le deban. Perdidos de sí mismos, con el dinero para comprar el propio valor, creamos necesidades ficticias para comprarnos y autoafirmarnos, creyéndonos seguros y plenamente decidiendo sobre lo ajeno.
Y no hay progreso sin dinero, ni tecnología sin dinero, ni salud sin dinero, ni comida sin dinero… Todo lo hemos dejado en manos del mismo fantasma que se conduce desde las sombras.
Ignoramos estar pendientes del hilo que manejan otros, y que de igual modo puede ser cortado o anudado. Dinero que no se come, pero que somete. Dictamina quiénes son vasallos de las marionetas que mueve. Y, al fin, todo son especulaciones, sobre el valor de la matrix que formamos… y que sostenemos. Y todo por el temor a no valer lo que puede ser comprado (y quizá también el temor a tener el valor de lo que no puede ser comprado).

Razón sin corazón
…y vino Descartes a descartar definitivamente las emociones en el ser humano. el único filtro válido, la razón pura, el egocentrismo cartesiano que solo ve lo que puede verse.
Cuando la finalidad última y fundamental es erigirse en ganador, el único filtro válido es la medida del racionalismo, inculcado por aquella frase que, con gesto del dedo índice señalando la frente, te decían desde la infancia: piensa, razona, utiliza la cabeza. Cualquier cosa que escape al control, a la medida, a la disposición preconcebida, al condicionamiento preestablecido, al cumplimiento del programa implantado para alcanzar el éxito y la fama, es despreciada.
Y ya entonces sabías que no te bastarían las fuerzas para romperte en dos mitades opuestas, para anular una de ellas, para ignorar tu consciencia y hacer prevalecer el condicionamiento inalienable de ignorarte. De ser un cerebro andante, de ser mente sin vísceras, de ser robot sin emociones, de ser una parte más –solo una parte, y actuar desde mitades incompletas– del sistema.
Descartando la fuerza motriz de la vida, para ser un engranaje mas de la cadena. Sometido creyéndose libre y, además, victorioso pensante… Sin ya poder ni siquiera deshacerte, reencontrarte, descubrirte. Que del corazón surge lo que eres, más alla del egocentrismo y la autojustificación de ser el absurdo ganador de un circuito sin corazón.
¿Quién establece la medida de la victoria pretendida? ¿Por qué no conviene, ni se acepta, nada si no se mide con el filtro de la razón? ¿En qué momento creíste que eras dueño de tu mente si acatabas las reglas de la razón?
La razón de tener la razón para destacar, inculcada férreamente, fue la que tomaste como condición para descartar todo lo que escapa a las exigencias de control.
No entiendes que lo único que puedes controlar es cómo unes tu todo entero y armonizas tu interior. Todo es por algo, y siempre para algo más allá de lo que ahora puedas suponer.







